Gelego Gelego Español Español
[[imaxe]]
[[galeria]]

Sistemas binarios: Canciones encontradas, de Miguel Rivera

[[separador]]
18/09/2021 60 20:30 21:30
Teatro Jofre
  • TP
10,00http://www.ferrol.es/jofre/Paginas/SelEvento.aspx

Sinopse

[[contido]]
Montaxe escénica que musica a lírica do libro homónimo e narra unha viaxe na que todos nos podemos recoñecer: o primeiro encontro con alguén que nos atrae, a paixón... todas as experiencias vitais relacionadas coa música.

JOSÉ MIGUEL CARRASCO. Diario de Sevilla El espectáculo que nos ha brindado Miguel Rivera, basado en su libro Sistemas binarios, es un viaje vital. Hace falta ser muy valiente y, como le ocurre a Miguel y así lo refleja en su obra, siempre haber sabido quien es, para plantarse aquí a contarlo. Imaginaos que Miguel se hubiese desmemoriado, tal como nos hace pensar con la primera frase que escuchamos, y no hubiésemos podido ser hoy afortunados pasajeros en el viaje de su vida; que nos hubiésemos perdido la lírica de la historia de cómo a los doce años la portada del disco de Blind Faith le provocó una descarga eléctrica al centro de su incipiente sexualidad y se enamoró de la chica que aparece en ella con el avión en su mano. Que nos hubiésemos perdido el calor que nos recorrió la espina dorsal escuchándole contar cómo descubrió un año después que las niñas eran seres reales a través de un beso furtivo en los labios. Y que después Miguel creció y se convirtió en surfer, en profesor de inglés, en hippy de mundo, en padre putativo, en amante del black metal, en joven promesa del indie patrio… pero sobre todo, imaginaos que no hubiésemos podido compartir con él la magia del momento en el que llegó a sus manos, por primera vez y de forma casual, tras pasar de rama en rama, su primera guitarra, y aprendió, sin que nadie le enseñara, a hacerla sonar. Y de cómo ese encuentro fortuito le ayudó a encontrar infinitas canciones. Imaginaos que nos hubiésemos quedado huérfanos de estos momentos vividos con él. Y sobre todo, de veinte años de recolectar los frutos salidos de aquella caja de madera encordada.

La verdad es que el desarrollo del montaje nos pilló a todos a contrapié. Lo que veíamos, lo que escuchábamos, nos pedía agritos que aplaudiésemos; pero no sabíamos cuándo ni cómo hacerlo. Cuando había un momento de reposo para nuestros sentidos dudábamos entre si aquello era un punto y aparte o un punto y coma, pero no teníamos tiempo de resolver la duda porque Miguel comenzaba otro asalto. Y si no era él era Pablo Cabra con un golpe de bombo o caja, o era Daniel González tañendo una cuerda de su contrabajo, o Javi Mora percutiendo sobre teclas o maderas, o Mercedes Bernal haciendo gemir un saxo, o Asier Etxeandía comenzando en off otra narración.

Cuando se adelantó la pleamar, en la canción más impregnada por la lírica musical de Maga, con un final más convencional que todos supimos reconocer, por fin hicimos estallar nuestras manos con entusiasmo; algo que no tuvimos oportunidad de repetir más tarde, cuando absortos en el caracol que nos contaba Miguel que entraba por la ventana ni siquiera nos apercibimos de la presencia espectral que se adueñaba del escenario: Rocío Márquez, descalza y volátil, venía a ponerle un quejío cadencioso y suave al traqueteo del último vagón del tren que iba a la estación final y se fue como llegó.

Voy a rectificar el inicio de esta crónica. En realidad este espectáculo de Miguel no es un viaje, es un espejo en el que todos podemos reconocernos. Somos nosotros los que en el primer encuentro con alguien que nos atraía, ¿qué importa el sexo?, hemos sentido como nuestra temperatura interior ha llegado a los dos mil quinientos grados y nuestra pasión nos ha fundido como un abril en Chernobyl. Cuando nos miramos al espejo que Miguel nos puso delante supimos que las experiencias vitales de todos nosotros están, como las suyas, relacionadas con un momento musical; cada recuerdo, con una canción; cada beso con una melodía concreta. Cuando todos los que estábamos en la sala del Teatro Central vimos nuestro reflejo en el espejo que Miguel nos puso delante nos gustamos mucho más. Y por eso le despedimos, ahora sí, con un aplauso infinito.

[[tags]]